La alicaída educación argentina forma parte de las cuantiosas pérdidas que nuestro país viene sufriendo en las últimas dos décadas de nuestra vapuleada democracia. El nivel educativo ha ido perdiendo su bien ganado prestigio y no parece avizorarse un cambio de rumbo que nos salve de este declive. Por eso fue una alegría enterarnos de que en la Escuela Técnica Otto Krause se volvería a dictar el Curso de Especialización en Ascensores. Nadie va a pensar que este curso puede, por sí solo, cambiar la historia de la educación en nuestro país. Pero seguramente la va a mejorar. Y también mejorará la vida de quiénes, después de cursarlo, hayan aprendido un nuevo oficio y puedan dedicarse a esta actividad. En estos años donde ha primado el egoísmo, la concentración de riqueza en pocas manos, la entrega desvergonzada de nuestro patrimonio nacional, y la intencionada caída de la política educativa que proclamaba “educar al soberano”; que se reabra un curso educativo y gratuito en la Primera Escuela Técnica de la Nación es una bocanada de aire fresco que nos llena de optimismo y nos devuelve un poco de la perdida dignidad sarmientina. Quiénes integramos la REVISTA DEL ASCENSOR, hemos trabajado y colaborado para que ese curso fuera posible, y lo seguiremos haciendo en todo cuanto esté en nuestras manos: porque somos de la época en que al Estado le importaba que “todos” estudiáramos y porque como dijo el Ing. Oscar Fígoli, a cargo del curso y un amante de la educación permanente, cuando pronunció una palabras de bienvenida para los nuevos cursantes en la gran sala de Profesores del Otto Krause: “tenemos que leer y estudiar durante toda la vida; sólo la educación nos hará libres, hará que conozcamos nuestros derechos y nuestros deberes y nos permitirá progresar y ser mejores”.
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